De la tendencia al producto: los sabores que la Generación Z está convirtiendo en tendencia.

El descubrimiento empieza en Internet, pero debe basarse en el sabor.

Las redes sociales se han convertido en escaparates de descubrimientos. TikTok, Pinterest y YouTube Shorts aceleran el contacto con sabores, combinaciones y referencias globales que antes tardaban más tiempo en llegar al consumo masivo. La comida callejera, las reinterpretaciones culturales y las mezclas más atrevidas circulan primero por la pantalla y luego llegan a los estantes. 

Pero que algo se haga viral no garantiza que perdure. Lo que llama la atención en las redes sociales puede incluso animar a probarlo, pero su permanencia depende de la experiencia sensorial del consumidor. 

Esto queda aún más claro en categorías como las carnes y los aperitivos, donde la comparación es rápida y la decisión de volver a comprar o no depende directamente del sabor, el aroma y la textura.

La Generación Z es plural en sí misma.

La Generación Z no es un bloque homogéneo. Dentro de ella, existen diferentes perfiles de consumo, con criterios de elección que no siempre siguen la misma lógica. Hay quienes buscan aperitivos que se perciben como más ligeros y acordes con el bienestar, pero también hay quienes se adentran en esta categoría por curiosidad, por la intensidad y por el atractivo de las tendencias. 

Para las marcas, esto exige carteras más flexibles, capaces de adaptarse a distintas preferencias sin perder claridad. Es lo que se observa en empresas como PepsiCo, que organiza líneas orientadas a diferentes formas de consumo, con marcas asociadas a opciones más equilibradas, como Off The Eaten Path y PopCorners, hasta extensiones más ligadas a la intensidad y el repertorio cultural, como la expansión de Pimenta Mexicana en Ruffles y Cheetos Crunchy en Brasil. 

Los sabores que están impulsando esta tendencia

La búsqueda del sabor, en este caso, es más compleja que el simple hecho de que sea «fuerte» o «picante». Perfiles como el de la miel picante, el gochujang y la harissa demuestran que la Generación Z responde mejor a combinaciones que combinan el dulzor, la acidez, el ahumado y la fermentación de una forma más elaborada, siempre con alguna referencia cultural clara. 

También están en auge los sabores que parecen proceder de un lugar real. Por eso, las cocinas latina, asiática y mediterránea siguen ganando terreno, junto con las propuestas de comida callejera y las fusiones culinarias que ofrecen algo que esta generación valora mucho: contexto, origen e identidad. 

¿Qué implicaciones tiene esto para la carne?

En el mercado cárnico, una de las oportunidades reside en actualizar el repertorio sensorial de las líneas ya consolidadas, aportando nuevos perfiles de sabor sin alejar al consumidor de la familiaridad que ya reconoce. Perfiles como barbacoa, chile dulce, chipotle, chile mexicano, mostaza, beicon y variantes orientales están ganando terreno precisamente porque vinculan productos conocidos con tendencias reales de consumo.

En el caso de los productos cárnicos, esta interpretación debe tener en cuenta algo más que el nombre del sabor. El aroma, la intensidad y la textura deben combinarse para que la experiencia sea coherente con la propuesta del producto. Por ejemplo, un empanado con sabor a chile dulce, una tira de pollo con un toque oriental o una hamburguesa con sabor a barbacoa ahumada deben ofrecer una percepción sensorial coherente desde el primer bocado hasta el final de la degustación.

Cuando esta estrategia está bien planteada, el sabor deja de ser solo un reclamo para el lanzamiento y pasa a reforzar la identidad del producto dentro de una línea ya consolidada.

¿Qué supone esto para los aperitivos?

En el sector de los aperitivos, esta tendencia se manifiesta con aún mayor dinamismo, ya que esta categoría suele adoptar las tendencias de forma rápida y flexible. Las patatas fritas, los productos extruidos, las palomitas de maíz con sabores, los frutos secos y las galletas saladas se han convertido en plataformas interesantes para explorar sabores con mayor identidad, repertorio cultural y conexión con nuevos momentos de consumo.

Entre los sabores que están ganando popularidad se encuentran el chile mexicano, el chile dulce, el ahumado, la barbacoa, la pimienta con limón, el ajo y la cebolla, el queso parmesano, el cheddar con bacon, el chimichurri y otras variantes inspiradas en la cocina latina y asiática.

¿Cómo acompaña New Max esta innovación?

El debate ya no se centra únicamente en seguir la próxima tendencia, sino en observar qué movimientos tienen potencial para convertirse en productos relevantes para el mercado. Para la Generación Z, tener una buena presencia en las redes sociales puede ayudar a ganar visibilidad, pero lo que sustenta una propuesta va más allá del momento de novedad.

La clave está en crear sabores con una identidad clara, una buena ejecución y coherencia con el perfil del consumidor. Cuando una tendencia se plasma en una propuesta bien elaborada, deja de ser solo una moda pasajera y empieza a ganar terreno de forma más consistente.

En New Max, seguimos de cerca los cambios que influyen en el consumo y ayudan a redefinir las oportunidades en el sector de las carnes y los aperitivos. Entendemos que convertir las tendencias del mercado en productos exige un equilibrio entre sabor, aroma, textura, viabilidad industrial y fidelidad a la propuesta de la marca.

Por eso, colaboramos con nuestros clientes ofreciéndoles asistencia técnica, análisis de tendencias y un seguimiento cercano de los equipos de I+D. Gracias a un equipo de investigación y ventas técnicas en contacto directo con el mercado, ayudamos a traducir las tendencias de consumo en lanzamientos más acordes con lo que busca el consumidor y con lo que la industria debe ofrecer.

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